Imagen de Camino del Molino durante una de las fases del proceso de excavación. © Fotografía realizada por el equipo de investigación del proyecto Vida y Muerte en Camino del Molino

Esqueletos recuperados en articulación. © Fotografía realizada por el equipo de investigación del proyecto Vida y Muerte en Camino del Molino

En el noroeste de la Región de Murcia, en Caravaca de la Cruz, un hipogeo excavado en el travertino guardó durante casi mil años la memoria de una comunidad calcolítica. En diciembre de 2007, durante las obras de construcción de unas viviendas, la pala mecánica dejó al descubierto un gran volumen de restos humanos. La intervención que siguió durante diez meses excavó una estructura funeraria de dimensiones y complejidad extraordinarias, una fosa circular de 7 m. de diámetro excavada en la roca, con el suelo cubierto de fragmentos cerámicos, paredes verticales de hasta 2 m. de altura, un gran agujero de poste central para la cubierta y otros menores quizás relacionados con un acceso superior.

La excavación combinó rapidez con rigor metodológico. Se delimitaron y documentaron sus paredes y alzado, se registró la posición de cada individuo en planta, se fotografió cenitalmente con cámara montada en pértiga telescópica y se georreferenció cada resto dentro de una cuadrícula continua, lo que permitió mantener un control espacial muy detallado de todo, incluso excavando sectores paralelos. Además, se tuvo la previsión de recoger sistemáticamente muestras para análisis palinológicos, antracológicos, geoquímicos, sedimentológicos y radiocarbónicos, y se derivaron los materiales faunísticos y antropológicos a especialistas para su estudio específico.

No es solo una tumba colectiva: actualmente es el mayor enterramiento prehistórico conocido en Europa, con un mínimo de 1.348 individuos documentados. Su excepcionalidad no reside únicamente en el número. Lo verdaderamente extraordinario es que podamos reconstruir, con una precisión inédita, cuánto tiempo estuvo en uso, quiénes fueron las personas enterradas allí y cómo vivieron y afrontaron la enfermedad y el sufrimiento.

Imagen de Camino del Molino durante varias fases del proceso de excavación. © Fotografía realizada por el equipo de investigación del proyecto Vida y Muerte en Camino del Molino

Imagen de Camino del Molino durante una de las fases del proceso de excavación. © Fotografía realizada por el equipo de investigación del proyecto Vida y Muerte en Camino del Molino

Una larga secuencia de uso funerario

La primera gran pregunta iba encaminada a definir la biografía cronológica de la tumba: ¿cuánto tiempo estuvo activa? Hoy disponemos de 43 dataciones radiocarbónicas realizadas sobre hueso humano, haciendo de Camino del Molino uno de los conjuntos mejor fechados del III milenio a.C. peninsular. Los resultados apuntan a un uso prolongado del monumento entre inicios del III milenio a. C. y ca. 2250 cal a. C., con al menos dos momentos de actividad intensiva y un pequeño hiatus de unos 80 años.

Si traducimos esa duración a términos humanos, alrededor de 25 generaciones acudieron al mismo espacio para depositar a sus muertos. Durante siglos, repitieron un mismo gesto funerario en el mismo lugar. No fue el resultado de una catástrofe puntual ni de un episodio violento concreto, sino una tradición mantenida en el tiempo.

La secuencia estratigráfica revela esa persistencia. Al principio, los cuerpos fueron colocados junto a las paredes del hipogeo. Con la progresiva acumulación de inhumaciones, los restos comenzaron a desplazarse hacia el centro para dejar espacio a nuevos ingresos. El resultado es una imagen compleja: esqueletos en conexión anatómica conviven con paquetes parcialmente articulados y con huesos completamente aislados, trasunto de siglos de reutilización del espacio y de un constante trasiego de vivos y muertos en la tumba.

Un ajuar escaso… y una presencia inesperada

En una tumba con más de mil individuos cabría esperar un ajuar abundante. Sin embargo, el registro material es sorprendentemente sobrio. Se documentaron apenas medio centenar de puntas de flecha, 70 láminas de sílex, algunas piezas pulimentadas, varios recipientes cerámicos y cientos de fragmentos de otras 400 vasijas, además de 18 punzones de cobre y un puñal de lengüeta. Objetos significativos, pero escasos en relación con la magnitud del conjunto. Quizá porque el énfasis ritual no estaba en la ostentación material, sino en el propio acto de deposición colectiva y en la continuidad del lugar.

Sin duda el aspecto más llamativo es la presencia de 51 cánidos, entre los que se encuentran 47 perros (Canis lupus familiaris), un zorro y tres lobos, un conjunto coherente integrado en el espacio funerario que plantea interrogantes fascinantes. ¿Eran compañeros de trabajo? ¿Animales simbólicamente asociados al grupo? ¿Formaban parte de rituales específicos?

Los análisis isotópicos realizados muestran que los perros compartieron patrones de movilidad similares a los de los varones locales adultos, lo que sugiere una implicación directa en actividades pastoriles. No eran simples animales domésticos, sino parte activa del sistema económico. Tres de los de mayor alzada correspondían en realidad a lobos (Canis lupus), uno de ellos confirmado mediante análisis genético y con una altura a la cruz de 74,2 cm. La diversidad de tallas entre los cánidos, de cachorros a seniles, delata cruces intencionales. Además, los ejemplares mayores presentan escaso desgaste dental, mientras que en los pequeños y medianos es mucho más acusado, vinculado a una intensa actividad de roer y triturar. Esta diferencia sugiere funciones distintas: defensa los primeros y manejo de ganado los segundos; y, en consecuencia, dietas diferenciadas.

Esqueleto de Fíbula expuesto en el Museo Anatómico Veterinario de la Universidad de Murcia.

Esqueleto de Fíbula expuesto en el Museo Anatómico Veterinario de la Universidad de Murcia

La historia de Fíbula expresa precisamente estos aspectos. Se trata del esqueleto completo de un perro de talla media y bien proporcionado, con una importante fractura de la fíbula derecha, una lesión frecuente en perros pastores. El modo imperfecto en que se fusionó la fractura, para lo cual es impensable que no se entablillara, debió producirle notables limitaciones en el desempeño de sus tareas, con una cojera muy acentuada. A pesar de esa rémora locomotora, murió a una edad muy avanzada, lo que apunta a un rol de mascota que fue más allá de su empeño funcional.

1.348 individuos: el retrato demográfico de una comunidad

El estudio paleodemográfico completo de los cráneos ha permitido estimar que en Camino del Molino se enterraron 1.348 individuos. De ellos, el 30% son no-adultos menores de 20 años y el 70% adultos, con una distribución entre mujeres y hombres equilibrada y una esperanza de vida estimada que ronda los 31 años, un valor habitual en sociedades preindustriales. Esa imagen colectiva es uno de los rasgos más importantes de Camino del Molino, es lo más próximo a una comunidad calcolítica completa.

Sin embargo, el perfil demográfico presenta matices. Existe una infrarrepresentación de recién nacidos y lactantes, lo que sugiere que pudieron recibir un tratamiento funerario distinto. Por otro lado, se observa una elevada mortalidad entre los individuos de 5 a 15 años. Esta es una franja delicada, ya que pasarían a formar parte de las actividades económicas de la comunidad, tendrían una mayor exposición a patógenos y serían más vulnerables por encontrarse en franjas críticas de crecimiento.

Ya en la edad adulta se observa una diferencia clara entre mujeres y hombres. Las mujeres ven reducida su esperanza de vida, probablemente debido a los riesgos asociados al embarazo y al parto. Mientras muchos varones alcanzan con relativa frecuencia edades comprendidas entre los 40 y 59 años, una parte significativa de las mujeres fallece entre los 20 y los 39 años, en plena etapa reproductiva.

Vida cotidiana: pastores y artesanas

Los huesos no solo informan sobre la muerte, también sobre las condiciones de vida. Como ya hemos mencionado, los análisis isotópicos indican que los hombres presentan mayor variabilidad en sus firmas geoquímicas, lo que sugiere movilidad estacional o desplazamientos asociados al pastoreo. A ello se suman patrones de robusticidad en los miembros inferiores compatibles con actividades prolongadas de carga y desplazamiento. Todo apunta a una economía agro-pastoral donde el ganado desempeñaba un papel central y donde los varones participaban de forma destacada en la gestión y desplazamiento de los rebaños.

Pero la división del trabajo no se limitaba al exterior. El análisis microscópico del desgaste dental en 167 esqueletos articulados ha revelado un patrón muy específico en varios individuos, principalmente mujeres: surcos en los dientes anteriores asociados al uso de la boca como herramienta o tercera mano, concretamente para el hilado de fibras vegetales.

Estamos, por tanto, ante una evidencia directa de especialización artesanal y, probablemente, de una división sexual del trabajo ya consolidada en el III milenio a.C. Mientras los hombres se desplazaban con los rebaños, muchas mujeres desarrollaban tareas de mantenimiento y artesanía en el ámbito doméstico.

Surco sinfisial en el incisivo de una mujer de Camino del Molino que usaba su dentición para hilado de fibras vegetales. Autoría: Sonia Díaz Navarro

Surco sinfisial en el incisivo de una mujer de Camino del Molino que usaba su dentición para hilado de fibras vegetales. © Sonia Díaz Navarro

Enfermedad, vulnerabilidad, cuidado y cooperación

El estudio de los esqueletos como archivos biográficos permite reconstruir micronarrativas y, al mismo tiempo, aproximarnos a la identidad social de este grupo humano.

Los estudios paleopatológicos en curso han documentado una elevada morbilidad entre los niños y niñas y las mujeres de Camino del Molino. Son frecuentes las lesiones compatibles con infecciones crónicas, especialmente procesos que podrían relacionarse con enfermedades respiratorias. La concentración de población, la convivencia estrecha con animales y una dieta limitada pudieron generar un entorno epidemiológico complejo.

Sin embargo, junto a la enfermedad aparece la resiliencia. Se han documentado evidencias directas e indirectas de cooperación social y cuidados en esta comunidad. Por ejemplo, una mujer fue sometida con éxito a dos cirugías craneales mediante el método de raspado, a juzgar por los signos claros de regeneración. Estas pudieron ser motivadas por traumatismos previos o procesos infecciosos que no han dejado huella.

Otra mujer adulta presenta una displasia esquelética rara, una alteración congénita del crecimiento óseo que afectó a los antebrazos y la parte distal de las piernas y que condicionó una estatura final de 138 cm. Esta condición limitaría su participación en el grueso de las actividades económicas del grupo, especialmente las que conllevaran largos desplazamientos y un uso intenso y repetitivo de los brazos. Pese a ello, alcanzó la treintena y fue enterrada en igualdad de condiciones que el resto de los miembros del grupo.

En una economía de subsistencia, donde la supervivencia depende del trabajo colectivo, vivir con una discapacidad funcional implica necesariamente apoyo social, redistribución de tareas y adaptación del entorno productivo.

Desde la perspectiva de la bioarqueología del cuidado, su caso sugiere que la comunidad no solo toleró la diferencia, sino que la integró. La cooperación cotidiana, ya fuera mediante la asignación de tareas compatibles con sus capacidades, la asistencia en desplazamientos o el sostenimiento material, permitió que formara parte activa del grupo durante décadas. Camino del Molino, por tanto, no solo documenta enfermedades o limitaciones físicas, sino también redes de apoyo y mecanismos de cohesión social que sostuvieron a sus miembros más vulnerables.

Detalle de la doble trepanación de S21. © Sonia Díaz Navarro

Detalle de la doble trepanación de S21. © Sonia Díaz Navarro

Un laboratorio excepcional para entender el III milenio a.C.

El lugar concentra en apenas siete metros de diámetro una historia de casi mil años. Nos permite observar cómo se forma una tradición funeraria, se estructura una comunidad, se organiza el trabajo, circulan personas y animales por el territorio y se afrontan la enfermedad y el sufrimiento.

Su excepcionalidad no es solo cuantitativa. Su excavación reciente con un riguroso sistema de registro y los análisis de vanguardia llevados a cabo lo convierten en un referente para la investigación de la Prehistoria Reciente. Actualmente, el proyecto ha abierto nuevas líneas de trabajo que prometen profundizar aún más en el perfil biológico y social del grupo. Estamos desarrollando análisis de ADN antiguo para reconstruir las relaciones de parentesco entre los individuos y comprender cómo se articulaba la comunidad a nivel familiar. Estos estudios permitirán saber si el hipogeo albergó linajes concretos, grupos emparentados o una red social más amplia.

Paralelamente, el ADN también ofrece la posibilidad de identificar directamente los patógenos que afectaron a esta población, aportando evidencias moleculares sobre enfermedades infecciosas que hasta ahora solo podíamos inferir a partir de las lesiones óseas. A ello se suman nuevos análisis isotópicos y biomoleculares orientados a reconstruir con mayor precisión la dieta y a detectar el posible consumo de plantas medicinales, una línea de investigación especialmente sugerente en un contexto donde ya se han documentado intervenciones quirúrgicas y evidencias de cuidado prolongado.

Durante casi mil años, una comunidad regresó a este mismo espacio para despedir a sus muertos. Allí enterraron a sus amigos, hijas, mujeres, maridos, e incluso a sus perros. En ese gesto repetido se condensa una identidad colectiva.

Hoy, milenios después, la ciencia nos permite reconstruir la biografía de la tumba y de las personas allí enterradas.

Agradecimientos

Las investigaciones han sido posibles gracias a la financiación de diferentes entidades entre las que se encuentran la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz, la Universidad de Murcia, la Fundación Palarq y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a partir del programa Juan de la Cierva. La excavación fue codirigida por J. Lomba Maurandi, M. López Martínez, F. Ramos Martínez y A. Avilés Fernández.

Referencias

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  • Díaz-Navarro, S., Haber Uriarte, M., Tejedor-Rodríguez, C., Lomba Maurandi, J., 2023. Emphasising the community: demographic composition of an exceptional tomb—the Chalcolithic burial site of Camino del Molino, Caravaca de la Cruz, Murcia. Archaeological and Anthropological Sciences 15, 140. https://doi.org/10.1007/s12520-023-01844-y
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  • Díaz-Navarro, S., Haber Uriarte, M., García-González, R., 2023. Holes in the Head. Double cranial surgery on an individual from the Chalcolithic burial site of Camino del Molino (SE Spain). International Journal of Paleopathology, 43, 22–30. https://doi.org/10.1016/j.ijpp.2023.09.003
  • Díaz-Navarro, S., Haber Uriarte, M. Una mirada a la infancia en el Calcolítico del Sureste Peninsular. El enterramiento colectivo de Camino del Molino (Carava de la Cruz, Murcia). En Sánchez Romero, M., Alarcón, E., Rivera, A. (Coords.), Pequeños cuerpos con grandes biografías. Los restos óseos inmaduros desde una perspectiva biológica y cultural. Granada-Comares, pp. 107-136.
  • Gil Cano, F.; Ruiz García-Vaso, C.; Conde Gómez, D.; Avilés Fernández, A.; Haber Uriarte, M.; Vázquez Autón, J.M. 2011. Análisis de restos óseos de cánidos encontrados en el yacimiento Camino del Molino (Caravaca de la Cruz, Murcia): una oportunidad excepcional para estudiar los perros que poblaron el Sureste español durante el Calcolítico. Primeros resultados. XVII Congreso Nacional y VIII Iberoamericano de Historia de la Veterinaria, pp. 303-308.
  • Lomba Maurandi, J.; López Martínez, M.; Ramos Martínez, F.; Avilés Fernández, A. 2009. El enterramiento múltiple, calcolítico, de Camino del Molino (Caravaca, Murcia): Metodología y primeros resultados de un yacimiento excepcional. Trabajos de Prehistoria, 66, pp. 143–160. https://doi.org/10.3989/TP.2009.09025

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